¿En qué me he convertido en estos últimos días? No me he cansado
de hurgar en la herida, de buscar cada una de las cosas malas, de
mirar más abajo, más profundo, hacer que sangre cada vez más y
aun así sentirme feliz con ese dolor culpable. Me sacie con compararme
con el resto de las personas, buscando cada día más imperfección en
mí. Mirar el espejo y odiar cada uno de los milímetros de mi piel
desnuda, desde la forma de mirar hasta la sonrisa falsa que se produce al
contacto con el mundo exterior.
Solo he logrado causarme daño, sola, completamente sola. ¿Quién es mi
enemigo? soy yo, simplemente yo. Pero la silueta en el espejo no habla, no
daña, no insulta, no detiene, no atormenta, no está. Es algo
mas allá de eso, es mi mente queriendo jugar conmigo, un interminable
juego del que ya estoy cansada. Las lágrimas me ahogan, los sollozos no me
dejan dormir, y yo solo digo basta, enemiga mía basta. Si el mundo,
si la vida, si las personas no me quisieran como soy, como nací con
mis defectos, con mis desperfectos, con mis trancas, con mis mañas, mis penas,
y mis sensibilidades sencillamente no habría nacido,
no estaría en el mundo sonriéndole a las personas,
no conocería a nadie, no querría a nadie. Nací, respiro,
vivo, siento, amo y es todo tan especial, todo se siente tan cálido
todo se siente tan armonioso. Todo se planeo para que yo llegara a esta Tierra
¿a qué? no lo sé aun, pero mi vida será larga y no dejare que tu
enemiga mía me detengas. Esta vez seré yo contra la vida,
no contra mí misma. El juego se acaba ahora, aquí delante de ti,
delante del espejo y la sonrisa que se dibuja en mi rostro es nada más y nada
menos que una sonrisa de verdadera victoria, me lleve el premio mayor, el más
soñado, el más anhelado, mi vida.
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