Hay que tener la mente muy en las nubes, hay que tener las esperanzas altas, hay que ser soñadora, un poco frágil callada y sincera cuando se trata de ti.
Guiada por tus palabras bailaba a tu ritmo, me movía a tus ordenes y te seguía hasta la muerte, levantándome arrastrándome, dejándome ahí.
Desilusionada de lo que se sentía sentir, de lo que se sentía querer, de la persona que decías ser o al menos yo pensé que eras.
Para mi las ilusiones no tenían fin pero tú en segundos lograbas romper cada rincón de ellas, polvo por todos lados.
Debería dejar de creerle a esos ojos y a esa sonrisa tan típica.
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