Y casi como si
fuera un sueño ahí estabas, perfectamente posicionado frente a mis hombros. Mi anatomía
se volvía diminuta al compararla con la tuya. Tu mentón llegaba por encima de
mi frente y una de tus manos lograba envolver fuertemente una de las mías, en
cambio ni con ambas manos podía encerrar una de las tuyas. Tus pies siempre señalándome,
tu sonrisa siempre hipnotizándome, tus palabras ¡oh, como me volvían loca! Tu
voz grave armonizaba mis palabras agudas y tus maduras deducciones destrozaban
mis soñadores pensamientos, pero eso no importaba. Tus ojos más azules que el
cielo, tu sonrisa más blanca que la nieve, cada mechón de tu cabello en un
perfecto castaño. Toda una delicia era fundirme en tu abrazo, sentir ese aroma
que más tarde rondaba por mi bufanda y me hacia recordarte, pensarte, incluso
más veces de las que ya lo hacia. Me sentía enamorada, me hacías estarlo. Cada
detalle, cada caricia, cada mensaje. Era una sorpresa constante tus miradas,
ver tus pestañas, las pequeñas marcas en tu cara, tus labios tan atractivos,
tus cejas tan pobladas, las amaba a pesar de que fueran un tanto extrañas. Cada
mueca que me ahogaba en una carcajada, cerrar mis ojos con fuerza y volver a
abrirlos para encontrarme con tu blanca imagen y tu dulce voz. Caminar por la
calle, por el parque, por la playa, por la vida juntos. Que paz sentir tu
abrazo, que paz sentir tu respiración ¡que maravilla de besos! Llámame loca y
perdida, pero la cordura pierde su rumbo y su estancia en mi cabeza cada vez
que tu presencia se acerca a mi existencia. Pequeña en mi misma pero ahogada en
este enorme sentimiento que es solo tuyo. Quiero besos, quiero caricias, quiero
caminar, quiero perderme en tus ojos de cielo, quiero tu aroma. ¿Concédeme una
vida junto a la tuya? Tardes enteras de chistes sin sentido, miradas
penetrantes, sonrisas tímidas y coquetas, ese sofá puede ser el mejor lugar del
mundo entero si solo estamos los dos con la música bajito, bien bajito, como mi
voz al decirte al oído que me muero de amor por ti. Tus manos tibias en mis frías
mejillas, mis besitos en tu nariz. La electricidad que recorre por mi columna y
todo mí ser luego de que dices lo mucho que me amas. Permíteme esta felicidad
adictiva el resto de mi vida y de la tuya, quiero compartir esta dosis de
locura y romanticismo con mi compañero favorito, solo tú, solo tú.
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